Viernes, 09 Diciembre 2022 11:04

La UCO auspicia un seminario sobre las teatralizaciones de la novela picaresca en el siglo XXI

Escrito por G.C.
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El profesor Rafael Bonilla Cerezo junto a algunos de los profesores participantes en el seminario. El profesor Rafael Bonilla Cerezo junto a algunos de los profesores participantes en el seminario. J.M.

La Posada del Potro acoge esta mañana el seminario internacional "¡Pícaros a escena! Teatralizaciones de la novela picaresca en el siglo XXI", organizado por el profesor del Departamento de Literatura Española, Rafael Bonilla Cerezo, en colaboración con el Ayuntamiento de Córdoba.

Este seminario internacional ofrece a los estudiantes de los Grados de Filología Hispánica, Filología Inglesa, Historia, Historia del Arte y Traducción e Interpretación de la UCO, a los del Programa Interuniversitario de Doctorado en Lenguas y Culturas, a los de la Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba y a toda la ciudadanía interesada un ciclo de conferencias y entrevistas-diálogo –esto es lo original– acerca de los hitos de nuestra picaresca y su adaptación a las tablas desde el año 2001 al 2022. A lo largo de la mañana, se dictarán las conferencias y coordinarán las entrevistas-diálogo cuatro profesores en formación (becarios FPU) de las Universidades de Córdoba, Salamanca y Ferrara (Italia) y otros tantos profesores sénior de la Complutense y la propia UCO. El seminario persigue reevaluar seis de los hitos de este género: el Lazarillo, La gitanilla, Rinconete y Cortadillo, El coloquio de los perros, La ingeniosa Elena y La vida y hechos de Estebanillo González.

Según el director académico del seminario, Rafael Bonilla Cerezo, "la fórmula se antoja de veras novedosa porque, a modo de taracea, después de cada conferencia tendrá lugar otra sobre una adaptación teatral del siglo XXI y, lo más enriquecedor, una entrevista-diálogo con dramaturgos de la talla de Alberto Conejero (Premio Nacional de Literatura Dramática), Ramón Fontseré (Premio Nacional de Teatro) y Álvaro Tato (Premio Max de Teatro), tres de cuyos montajes han dado pie a esta jornada". La elección como sede de la Posada del Potro tampoco es gratuita. Esta casa-corral del siglo XV sirvió durante casi trescientos años como hospedaje, núcleo comercial y prostíbulo: tres actividades que no resultaron ajenas a nuestros pícaros de antaño.

Junto con el Quijote (1605-1615) de Cervantes y las Soledades (1613-1614) de Góngora, los libros de pícaros –etiqueta bastante más ajustada durante el Siglo de Oro que la más popular hoy de novela picaresca– fueron la principal aportación de nuestro país a las letras europeas de la Edad Moderna. La estampa del Lazarillo de Tormes a mediados del Renacimiento (c. 1552-1554) traería consigo el natalicio de una prosa de ficción realista que constituyó una alternativa a las caballerías. Pero solo gracias a su edición con la primera parte de Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (Luis Sánchez, 1599), aquella peregrina (y aislada) obrita que no dejó títere con cabeza en el Imperio de Carlos V fraguaría en un género de pleno derecho.

La santísima trinidad de la picaresca patria la completó El Buscón (1626) de Quevedo, escrito durante la primera década del Barroco. Y desde entonces crecería en España, Inglaterra y Francia (la Vida de Jack Wilton de Thomas Nasche, 1594; L’Historie comique de Francion de Charles Sorel, 1623; La novela cómica de Scarron, 1651-1657, Tom Jones de Henry Fielding, 1749…) un vasto corpus de relatos «apicarados», «seudopicarescos» o «con pícaro» –como los denominara Rico para distinguirlos de los tres canónicos– que integran el ciclo donde, según Molho, primero se desvaneció y luego murió la picaresca: Rinconete y Cortadillo y El coloquio de los perros (Novelas ejemplares, 1613) de Miguel de Cervantes, El premio de la virtud y castigo del vicio (Novelas morales, 1620) del capitán Diego de Ágreda y Vargas, la Novela del licenciado Periquín y Lazarillo de Manzanares y otras cinco novelas (1620) de Juan Cortés de Tolosa y, sobre todo, la picaresca femenina de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo (La hija de Celestina, 1612; La ingeniosa Elena, 1614) y su tocayo Castillo Solórzano (Las harpías en Madrid, 1631; La niña de los embustes, 1632; y La garduña de Sevilla, 1642), acaso el penúltimo hito de una tradición que tocaría a su fin con la anónima Vida y hechos de Estebanillo González (1646).

"A nadie se le escapa que sus protagonistas acostumbran a ser de clase baja, descienden de padres infames y participan y hasta se zambullen en la bribia. Hablamos, pues, de verdaderos «antihéroes» que convierten la astucia y el engaño en sus dos modus vivendi. Y desde una ladera puramente estructural, refieren una falsa autobiografía –el pícaro, a diferencia de las pícaras, se desdobla a menudo en autor, en narrador e incluso en “actor” de su cursus anti-honorum– con clara intención satírica y desmitificadora de la realidad de su tiempo", comenta Rafael Bonilla.

Quizá por esa condición de actores de su ladina vida, los pícaros vienen despertando el interés de la flor del teatro español de los albores del siglo XXI. Sin afán exhaustivo, en junio de 2022 continuaba representándose Malvivir, montaje de Álvaro Tato –protagonizado por Aitana Sánchez-Gijón y Marta Poveda– a partir de La pícara Justina de Francisco López de Úbeda, La hija de Celestina y La niña de los embustes. En noviembre de 2021, la compañía LaGriot’te llevó a la sala Central Lechera de Cádiz una adaptación libre de El Buscón; y en 2019 Garufa Teatro produjo Siempre pícaros, escrita por José Gabriel López Antuñano. Asimismo, con motivo del IV centenario de la muerte de Cervantes, Alberto Conejero estrenaba en 2016 Rinconete y Cortadillo, versión de la novela homónima del alcalaíno, representada por la compañía Sexpeare y dirigida por Salva Bolta.

 

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